Apagón: Caricias Inesperadas

 

 

No entendía por qué rayos estaba en esta fiesta. Conocía a Alan, pero no eran amigos cercanos, y estar aquí se sentía extraño.
Si no fuera por la insistencia de Taylor —su compañero en clase de Química Avanzada—, jamás se habría atrevido a asistir a una fiesta donde la mayor parte de los invitados eran atletas. Sólo estar rodeado de ellos le traía malos recuerdos.
Aún no superaba los años de burlas y maltratos que vivió en la secundaria. Ser un pequeño ratón de biblioteca había sido como una señal luminosa para que todos los bravucones en la escuela le hicieran la vida imposible.
Se echó una rápida mirada, y sonrió. Al menos los años lo habían favorecido con algunos centímetros más de altura. Y correr todas las mañanas le habían puesto un poco de músculo a sus huesos. Suspiró. Si tan sólo pudiera cambiar su personalidad introvertida, quizás tendría la oportunidad de conocer al chico de sus sueños. La imagen de Adam brilló en su mente, arrancándole un suspiro de anhelo. Desde que Taylor le presentó a ese chico, había sido difícil apartarlo de su mente. Sus largos cabellos castaños moviéndose al ritmo del viento, sus brillantes ojos cafés titilando con travesura, y sus lindos y rosados labios sonriendo con malicia. Sólo con ver esa sonrisa, había quedado cautivado.
Adam era la verdadera razón para asistir a esta fiesta. Pero en las dos horas que llevaba aquí, aún no lo había visto. Sabía que era una tontería anhelar a alguien con quién no había tenido antes ninguna conversación, pero enamorarse por primera vez lo había dejado así de tonto.
Bufó fastidiado consigo mismo.
Era realmente patético pensar que un chico atractivo y vivaz como Adam se interesaría en un cerebrito callado y solitario como él.
Recorrió su mirada por la habitación, y bebió un trago de cerveza, saboreándola muy lentamente. Al menos podía disfrutar de su cerveza favorita —una Guinness bien fría—, mientras trataba de alejar la desilusión de no ver a Adamotra vez.
Desde la esquina donde estaba, se sentía aislado y solo. Volvió a mirar alrededor, buscando a Adam, y suspiró decepcionado. El chico no estaba a la vista.
No se sentía cómodo allí. Conocía a algunas personas, pero no era muy hábil socializando como para acercarse a ellos y pasar el rato.
Bebió del último trago de su Guinness y suspiró. Ya era hora de irse, tenía un examen en dos días, y quería repasar el último tema.
Volvió a recorrer su mirada por la habitación. No había señal de Adam en ningún lado como para disuadirlo a quedarse un momento más. Regresar a su dormitorio al menos alejaría sus pensamientos del chico de sus sueños, y además, estar rodeado de sus libros lo hacía sentirse más a gusto que estar aquí con toda esta gente alrededor. Dejó el vaso sobre una pequeña mesa, y se giró en dirección a la puerta.
Apenas había dado un paso cuando la casa quedó en penumbras.
—¡Maldición! —gruñó frustrado. Buscó su teléfono móvil para usar la débil luz de la pantalla y alumbrar el camino hasta la puerta. Pero unas inesperadas manos lo sostuvieron de sus caderas, paralizándolo unos segundos.
—¿A dónde vas? —una seductora voz susurró a sus espaldas.
Mike sacó su mano del bolsillo, y trató de girarse, pero unos fuertes brazos rodearon su pecho, impidiéndoselo.
—Mmm… hueles delicioso —susurró la voz, mientras aspiraba el aroma de su piel.
Mike tembló. La oscuridad rodeándolo era abrumadora, pero más lo eran las sensaciones que el chico a sus espaldas le provocaba.
Cálidas manos se deslizaron bajo su camiseta, dejando ardientes caricias a su paso.
—¿Qué estás haciendo? —logró murmurar Mike, a pesar del nudo atorado en su garganta.
—Disfrutando de la suavidad de tu piel —susurró la voz a su oído, dándole una pequeña mordida en la sensible piel de su cuello, causándole un delicioso escalofrío de placer.
—Yo…
—Shh… Mantente en silencio. No querrás que los demás te oigan ¿o sí? —pronunció el extraño en voz baja.
Mike suspiró. Cálidas manos se deslizaban lentamente hacia sus erectos pezones, y tuvo que morderse el labio inferior para callar sus gemidos. Podía escuchar el inquieto murmullo de la gente en la habitación, y no quería que descubrieran lo que estaba pasándole en esos momentos.
El chico a sus espaldas lo jaló hacia el rincón donde había estado hace sólo unos segundos, y lo empujó contra la pared. Mike cerró los ojos y se apoyó contra la pared. Las caricias nunca se detuvieron. Sabía que tenía que parar esta situación, pero era muy difícil pensar cuando sus pezones eran torturados una y otra vez, enviando ondas de placer por todo su cuerpo.
Un pequeño gemido logró escapar de sus labios cuando su camiseta fue levantada, dejando que su caliente piel entrara en contacto con el frío aire de la noche. Una cálida boca tomó uno de sus sensibles pezones, introduciéndolo en su húmedo interior.
Sus manos se sostuvieron en los hombros del hombre que asaltaba sus sentidos, tratando de mantenerse en pie. Su espalda se arqueó en el instante que su pezón fue chupado duramente al interior de esa experta boca.
Mike jadeaba, intentando meter aire en sus pulmones, pero hasta ahora, era una tarea difícil de cumplir. No entendía por qué demonios no detenía al extraño que lo tenía aprisionado contra la pared. Jamás había dejado a nadie acercarse tanto como al chico frente a él, pero no podía evitarlo. El placer que sentía en esos momentos, jamás lo había sentido con nadie, y sabía que la oscuridad magnificaba a un alto nivel las caricias que recibía.
—De… deten…te…por…favor…
—¿De verdad quieres que lo haga? —Mike se estremeció al sentir el cálido aliento rozar la piel de su abdomen. Se tensó cuando el extraño abrió el botón y deslizó hacía abajo la cremallera de sus pantalones, dejando libre su rígida erección. Jamás se había arrepentido de ir de comando como lo hacía ahora, nunca usaba ropa interior y se avergonzaba de lo que el chico debía estar pensado de él por ello. Sus manos recorrieron el largo cabello del chico arrodillado frente a él, intentando detener lo que se avecinaba.
—No… —susurró sin mucha convicción.
Se mordió el labio inferior, y perdió el aire en sus pulmones al sentir una mano rodeando su duro eje. El sabor de la sangre en su boca no lo sorprendió tanto, como el repentino calor húmedo que envolvió su erección.
—Mmmm… —gimió el chico, deslizando lentamente su lengua y delineando cada vena en su eje como si quisiera aprender cada detalle.
Mike luchó duro por tragarse el gemido de placer que amenazaba con salir de su boca. El chico a sus pies lo chupaba como si su vida dependiera de ello. Mike jamás había recibido una mamada, pero creía que nada podría compararse con lo que estaba sintiendo ahora. Se aferró a los suaves cabellos en sus manos, y dejó que el chico lo tomara hasta su garganta.
—Adam… —susurró, perdiéndose en la marea de placer que recorría su cuerpo.
—Mmmm… —gimió el chico, y lo tomó más profundamente en su boca, deslizando sus manos hacia sus pezones, apretando y acariciando una y otra vez.
Mike no pudo soportarlo más, un ligero estremecimiento bajó por su vientre, enviando ondas de calor bajo su piel. Un escalofrío recorrió su espalda, y sus rodillas casi se doblan cuando el más grande orgasmo que había sentido alguna vez, lo golpeó con una fuerza arrolladora.
Cubrió su boca, y el grito que salió de lo profundo de su garganta, fue apenas amortiguado por la palma de su mano. Su respiración salía forzada de su pecho, abrió los ojos, deseando poder ver el rostro y los labios hinchados del chico que le había dado tanto placer.
Su flácido eje fue encerrado otra vez en sus pantalones, y pequeños besos fueron salpicados por su abdomen, deslizándose hacia su pecho, cayendo en su cuello, y terminando en un caliente y devorador beso. Podía saborearse a sí mismo en esa dulce boca, y le importaba una mierda mientras podía beber de la pasión que había en esos decadentes labios.
—Sabes muy, muy bueno —dijo una agitada voz contra sus labios cuando el beso se rompió.
Mike estaba demasiado abrumado como para formar alguna palabra coherente. Cada respiración enviaba el aroma exótico del chico a sus pulmones, recordándole a…
—¿Adam? —preguntó, temiendo equivocarse, y queriendo tanto que esta fantasía fuera realidad.
Una risita juguetona fue su única respuesta antes de que el chico volviera a tomar su boca. —Sí —fue el susurro de Adam mientras chupabael labio inferior de Mike y acunaba la parte de atrás de su cabeza. —Sí, Mike. Soy yo—susurró antes de presionarsus bocas juntas y besarlo a conciencia.
Mike se aferró al cuello de Adam, deseando que este sueño no terminara jamás. Inclinó su cabeza, dándole mejor acceso, y hundió su propia lengua profundamente en la dulce boca de Adam. El beso era dulce y apasionado, y se volvió salvaje a los pocos segundos en que sus lenguas entraron en contacto.
Se separaron, dejando salir el aire de sus pulmones en agitadas respiraciones.
—¿Por qué? —murmuró Mike en un sonido ronco.
—Porque me encantas —dijo Adam, acariciando suavemente su mejilla—. Te he querido desde el día en que te conocí. Amé tu risa nerviosa, y quedé fascinado por el brillo de calor en tus ojos caramelo.
Mike se ruborizó, y agradecía que aún la oscuridad los rodeara. No quería que Adam descubriera lo fácil que su piel se sonrojaba.
—Creí que te era indiferente, pero hace unos días, Taylor me confirmó que yo te gustaba. Es por eso que le pedí que te invitara a esta fiesta —susurró Adam, besando suavemente su boca.
La luz alumbró de improviso la habitación, arrancando varios siseos de dolor a su alrededor. Mike y Adam cerraron los ojos, tratando de adaptarse a la claridad otra vez.
Mike tenía miedo de abrir los ojos, y descubrir que esto era sólo una fantasía conjurada por su mente.
—Hey, abre los ojos. Quiero ver tus lindos ojos caramelo otra vez.
Muy lentamente, Mike los abrió, parpadeando hasta perderse en los alegres ojos cafés de Adam. La sonrisa brillando en su mirada hizo que su corazón golpeara como loco en su pecho.
—¿Te gusto? —preguntó con incertidumbre.
Adam rió, antes de abrazarlo apretadamente, sin importarle las personas que los observaba a su alrededor. —No sólo me gustas, me encantas —le dio un pequeño beso en su nariz—, te quiero Mike. Te quiero tanto, que a veces me asusta que pueda salir lastimado.
Mike sacudió la cabeza. —Jamás te lastimaría —dijo con fervor—, y te quiero también. Pero aún no entiendo por qué me quieres.
Adam lo apretó junto a su pecho. —Porque eres amable, tierno, dulce, y muy, muy sexy.
Mike frunció el ceño, sin creer lo que Adam decía.
—Es cierto. Y algo que no sabes, es que fue yo quién hostigó a Taylor durante una semana para que nos presentara. Fui yo quién quería conocerte a como diera lugar —Mike lo miró aturdido—. Sí, Mikey. Yo ya estaba enamorado de ti, incluso antes de que tú me conocieras.
—¿En serio?
—Sí, Mikey. Es en serio.
Mike estaba demasiado aturdido. Respiró profundamente, tratando de asimilar todo lo que había sucedido en los últimos minutos.
—¿… mi novio? —escuchó a Adam decir.
—¿Qué? —Mike se avergonzaba no haberle prestado atención a lo que Adam decía.
—¿Quieres ser mi novio? —preguntó Adam, con temor en su voz.
—¡Sí! —gritó feliz Mike, jalando a Adam a un beso caliente y lleno de amor.
Le agradecía a las estrellas por el apagón. La oscuridad le había dado al hombre de sus sueños, y la mejor experiencia sensual de su vida. Una chispa de lujuria recorrió su cuerpo al recordar el placer que había sentido hace unos minutos. Wow. Quería más de las caricias de Adam.
Rompió el besó, y tomó la mano de Adam, conduciéndolo hacia la puerta. —Vamos —urgió, mientras caminaba apresurado.
—¿A dónde?
—Quiero explorarte de pies a cabeza, y saborear cada parte de tu cuerpo, muy lentamente… —jadeó Mike con las pupilas dilatadas.
Adam gimió, deteniéndose un momento para acomodar disimuladamente su erección en sus pantalones, antes de cruzar la puerta, dejando que Mike lo arrastrara hasta su casa.
Mike sonrió. Jamás hubiera imaginado que venir a esta fiesta, y vivir la mejor experiencia erótica en la penumbra de una habitación llena de gente, lo llevaría a conseguir al chico de sus sueños. Era demasiado difícil aceptar que Adam lo quería, pero por nada del mundo iba a dejar pasar la oportunidad de ser feliz, además, quería desesperadamente devolverle el favor a Adam y tenerlo jadeando de placer.

19 comentarios en “Apagón: Caricias Inesperadas

  1. Hola Carolina!! Me encanto si que son hots estás historias del apagon Sii que sigan habiendo parejas me re gustan!!! Gracias por publicar este corto!!!! Estuvo excelente…!!! Besos!

  2. Me encantan estas historias ..cortitas pero super hot….espero sigan apareciendo mas parejas….gracias Carolina por compartirlas con nosotras…buen dia….

  3. Dios, quieor ir a una fiesta asi y participar de unas ituacion de esa naturaleza con el rey de mis sueños jajajajaja
    Me ecantó Caro. Pero… quiero mássssssssssssssssssss

  4. YO TAMBIÉN QUIERO IR A UNA FIESTA ASÍ!!!!!!!!!!!!
    ME HA ENCANTADO ESTE CORTO, GENIAL, AUNQUE EL PRIMERO ES MI FAVORITO.. GRACIAS CAROLINA, ERES GENIAL CHICA… SALUDOS

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